
Ahogo
Amanezco en lo que fue el país más feliz del mundo, es como adentrarse en un mar donde las olas están muy altas y enfurecidas, estas olas son en realidad las voces y las imágenes que traen las noticias en sus crestas, el número de muertos que han dejado los sicarios, los nombres de los políticos corruptos y extremistas, el hartazgo de una burocracia que erosiona voluntades, o peor aún las voluntades compradas a través de la extorsión y el pago por dadivas. Me sumerjo en una democracia hundida como un lastre en la región centroamericana, intento mantenerme vivo estar a flote en una tormenta que parece interminable, respirando por instinto, por dignidad y humanidad.
AHOGO, es el estado en que me encuentro, al igual que muchas otras personas en Costa Rica, arrastradas por las corrientes del odio y la indiferencia. En nuestros cuerpos se ha sedimentado el cansancio por años, cuyo peso nos hunde en el fondo de aguas turbias y profundas. Los sedimentos en la profundidad de estas aguas son de una humanidad vulnerable, indefensa, ignorada, violada y asesinada por los que ostentan poder.

